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sábado, 6 de junio de 2015

INSTRUMENTOS DE CURACIÓN TIBETANOS: CAMPANAS Y CUENCOS


Actualmente existe un nuevo interés por lo que se refiere a los antiguos instrumentos tibetanos. Pueden aplicarse con grandes resultados al proceso de la narración mágica. Equilibran los hemisferios del cerebro, allanándonos el camino a fin de que las imágenes se reciban con más facilidad, y sirven como señal, despertando nuestros niveles de conciencia más profundos.
 
La mayor parte de instrumentos musicales utilizados en los procesos de curación tibetanos y en las prácticas chamánicas entran dentro de la categoría de la percusión, aunque son mucho más polivalentes. Las campanillas, los gongs y los címbalos no sirven únicamente para el ritmo sino para crear tonos insólitos. Algunos de éstos resultan muy efectivos para la curación, pues poseen la capacidad de destruir viejas pautas en el cuerpo físico, así como en los cuerpos sutiles. Lo que conocemos de ellos en la sociedad occidental constituye un estímulo para alcanzar un mayor conocimiento en este terreno.

Uno de los más corrientes es la campanilla y el dorje o rayo. Constituyen importantes instrumentos para el ritual en distintas prácticas chamánicas y budistas. Durante las ceremonias religiosas, se utilizan en combinación. La campanilla representa el aspecto femenino de nuestras energías, nuestro lado yin. Se denomina prajna o aspecto de la sabiduría.

El dorje representa el aspecto masculino o yang. Se denomina también upaya, o método para utilizar la inteligencia.

Campanilla y dorje, Cuenco, Címbalos

Así como la campanilla se armoniza, el dorje se sostiene de tal forma que la energía pueda circular alrededor de la propia persona. Ambos juntos ayudan a restablecer el equilibrio de la energía masculina y femenina. En yoga, esto podría compararse al inicio del fluido del prana, conocido como Ida y Pingala, equilibrándose ambos en un canal central de energía que se denomina Susumna.

La campanilla y el dorje constituyen un instrumento musical con capacidad de emitir una amplia variedad de tonos.

Existen también técnicas de utilización de la boca como cámara de resonancia para conseguir un sonido más «cósmico».

Todavía queda por explorar gran parte de sus usos en el campo de la curación. A nivel metafísico, representan la unión de la sabiduría y el método para conseguir la iluminación.
 
El cuenco tibetano constituye uno de los instrumentos de sonido y vibración más eficaces en la revitalización. Tiene múltiples usos. Se denomina cuenco o cuenco de campanillas porque su exótico sonido permanece en el aire mucho tiempo después de que se haya acabado de tocar. Poco conocemos de su historia, pero en general se cree que fue creado específicamente para conseguir tonos de revitalización y para el ritual.
 
Los cuencos están hechos con siete metales, entre los cuales, oro, plata, níquel, cobre, cinc, hierro y antimonio. Algunos aseguran que el mineral de hierro procede de meteoritos, pero está por demostrar la veracidad de tal afirmación.

Muchos de estos cuencos tienen entre 40 y 50 años y eran utilizados por los sacerdotes budistas antes de la llegada de los comunistas al Tíbet, aunque los cuencos y su utilización se remontan a muchos siglos atrás.
 
No se sabe a ciencia cierta la forma en que están aleados los metales, puesto que los primeros están hechos a mano siguiendo una fórmula específica que únicamente conocían los maestros. Desde que los comunistas se apoderaron del Tíbet, ya no se permite a los maestros utilizar los minerales de una forma tan «frívola». Los que llegan a nuestros países proceden generalmente de la India. Algunos son de fabricación nacional y resultan también eficaces. Existe una diferencia, no obstante, de tonos respecto a los originales, confeccionados siguiendo la antigua tradición.
 
Cada cuenco tiene su propio tono predominante, que se emite cuando se toca como una campanilla con una clavija o badajo de madera. Lo más extraordinario de los cuencos es que, aparte de su tono predominante, produce una serie de armónicos. Los cuencos se tocan haciendo discurrir un varita de madera por su borde, describiendo un círculo en él. Es algo similar a pasar el dedo alrededor de una copa de cristal para hacer que cante. Con este método oímos y sentimos como se va generando el tono hasta que impregna todo el entorno.

Los tonos del cuenco equilibran los chakras, coordinan los cuerpos sutiles y crean equilibrio entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro. Destruyen la energía negativa que se ha acumulado en los chakras y en el aura. Resuenan con cada una de las células del cuerpo para liberar los bloqueos y restablecer el equilibrio. Restablecen la corriente de energía circular en el aura.

Si se toca el cuenco siguiendo la dirección de las agujas del reloj, se atraen los tonos hacia el cuerpo. En la dirección contraria a las agujas del reloj, se expulsa la negatividad.
 
Los cuencos y sus extraordinarios tonos se han utilizado para regular la presión sanguínea, curar el asma y el enfisema e incluso para restablecer la función suprarrenal tras una deficiencia debida a la ingestión de esteroides. Abren y equilibran los meridianos del cuerpo y mejoran la respuesta de la sinapsis en el cerebro. Se han utilizado con niños hiperactivos y también ayudan a estimular el sistema inmunológico.

Los cuencos resultan efectivos también para la meditación y la narración mágica. Pueden usarse a nivel personal o en grupo. Los tonos del cuenco apaciguan la mente y equilibran el cuerpo. Ayudan a alcanzar un estado alterado de la conciencia. Con un efecto similar al de escuchar un toque rítmico de tambor, la pauta de onda de los tonos del cuenco nos ayuda a alcanzar una pauta de onda alfa en el cerebro: la del estado de relajación, alterado.

Pueden utilizarse los cuencos para conseguir estadios de trance en la búsqueda de la visión. Muchos chamanes los utilizan en sus viajes mágicos y como vehículo de exploración de los múltiples dominios intemos de su propia conciencia. Al meditar con los cuencos y sus sutiles tonos, sintonizamos con los sonidos universales que nos rodean a todos.
 
El canto de los cuencos es una experiencia que todo el mundo debería vivir como mínimo una vez. En la revitalización y en las prácticas mágicas, los cuencos constituyen un medio y un símbolo de la energía y poder infinitos que somos capaces de crear aprendiendo a trabajar con el sonido, la música y el tono.

Los címbalos tibetanos constituyen otro instrumento efectivo para la revitalización y el proceso de la narración mágica. Cuando se golpean los címbalos, producen un tono cristalino que alerta a cada uno de los átomos del ser. Purifica el aura y relaja el sistema, haciéndolo más receptivo a la influencia de la narración.

Es importante utilizarlos al empezar y al finalizar la meditación o la sesión de narración mágica. Utilizándolos al inicio de la sesión se consigue un efecto tranquilizador que propicia la resonancia con los símbolos e imágenes de la historia. Finalizando la sesión con ellos, el público tiene una sensación de calma, equilibrio y nuevo vigor.



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