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domingo, 23 de agosto de 2015

DESCRIPCIÓN Y ORACIONES DEL RITO DE OFRENDAR A LA PACHAMAMA

 
Este rito, celebrado indefectiblemente en el tiempo que corresponde al año nuevo aymara, aún goza de una credibilidad plena en este pueblo y en todo el mundo andino. Es la experiencia vivencial de hombres y mujeres aymaras cuya vida familiar y comunitaria les lleva a celebrar su religiosidad respetando el tiempo y espacio organizados desde sus orígenes.
 
Para evitar la exhaustividad, nos colocamos dentro de la estructura general del ritual, cuya característica responde a la proyección en el mundo religioso del comportamiento social y cultural de los aymaras: el Ayni, el principio general de reciprocidad y solidaridad, de ayuda o colaboración mutua. Consta de las siguientes partes:
 
Solicitud de ayuda
Introducción
(Ayni)
Permiso para entrar en contacto.
Manifestación de respeto y reverencia.
Se piden disculpas por la molestia.
Acto central
Presentación de la solicitud.
Ofrecimiento de presentes
Compromiso de ayuda.
Intercambio
Diálogo ameno.
Compartir la coca.
Despedida
Reiteración de solicitud y compromiso.

Introducción:
Permiso para entrar en contacto
 
El celebrante y su asistente saludan a toda la familia solicitando permiso para ocupar el altar y organizar las ofrendas:
 
Taqpachani, ¡lisiñsanakamanpi! = “con el permiso de todos ustedes” (quitándose el Ch’ullo se dirigen al altar, lugar donde está ubicada la ofrenda y donde presidirá el rito).
 
Responden todos: ¡jumanacankiwa Tata! = “adelante, es un honor tenerlo entre nosotros, maestro”.
 
Se sienta con la mirada hacia el este, hacia la salida del sol, toma en cuenta los elementos y comienza a organizar las ofrendas -para esto ya se tiene lista una frazada extendida en el suelo, sobre la que se coloca el awayo- de la siguiente manera: en el medio colocará la cruz; a los costados de ella vino, incienso y llamp’u en sus respectivos recipientes; luego, a los márgenes derecho e izquierdo, a una altura céntrica, una botella de alcohol en cada lado; extenderá el papel blanco que generalmente es de 80 x 80 cm., sobre el cual, en la parte superior y en la mitad, coloca una piedra plana y lisa. A los costados de ella los lloxis (conchas de mar), llenándolos con vino, y debajo las flores. En la parte central irá acomodando los otros elementos: los papeles dorados y plateados, los caramelos y confites, algunos ejemplares de los productos alimenticios y las miniaturas. Cerca de ellos extenderá una inkuña, donde se colocarán las hojas de coca. Durante este tiempo, los participantes van conversando y los responsables de la familia estarán atentos a la posible falta de algún elemento.

Manifestación de respeto y reverencia

Con máxima reverencia (la familia guiados por el yatiri) se dirigen a Dios por medio de sus intermediarios (espíritus tutelares). Elevando una cierta cantidad de coca en sus manos, y de rodillas, el yatiri invoca a la Pachamama, a los Achachilas y a los Uywiris, pidiéndoles permiso, sabiduría y presencia para iniciar la ceremonia:
 

“¡Lisiñsanakamampi’!, santa tierra Pachamama, tus hijos nos hemos reunido para agradecerte por todos los frutos que nos has dado durante el año anterior y queremos renovar nuestra alianza contigo ofreciéndote lo que te corresponde, lo que te gusta y junto a ello nuestra vida, que es tu vida.
 
¡Apu Pokopaca, Apu santa Bárbara, Apu Chunkara, Apu Palomani, Apu Illimani, Apu Ausangate!, esta noche en que ustedes se disponen para acoger todas las ofrendas del pueblo aymara, les queremos dar gracias por su constante protección, fuerza y sabiduría.
 
¡Uywirinaca!, ¡kunturmamani¡, Cúidennos esta noche de los espíritus malignos (supayanacata), aléjenlos de estos lugares para que no perturben nuestro agradecimiento a Dios”.
 
En seguida ch’alla (asperja) con vino y alcohol por los cuatro esquinas del altar. Luego invoca a Dios con esta oración:
 
“¡Alaxpachanquiri, akapachankiri taque atipiri Suma Tatitu, jumaw nakatakex Auqui, Yuqa, Qollana Ajayu!
Dios bueno y todopoderoso, que estás en el cielo y en la tierra, tú eres para nosotros Padre, Hijo y Espíritu Santo (todos hacen la señal de la cruz). Somos tus hijos e hijas, y queremos manifestar nuestro agradecimiento porque nos bendices con las chacras, con salud, con trabajo y con todo lo que necesitamos. De todo corazón te ruego, TATITU, que abras las entrañas de la Pachamama, de los Achachilas y de los Uywiris para que reciban nuestras ofrendas que son el fruto de nuestra vida y de nuestro sufrimiento. Así también, te pedimos por la intercesión de Tatitu Santiago, Tatitu Mamani, Exaltación TATA; Rosario mamitata (de nuestra madre la Virgen del Rosario), mamita Candelaria, mamita Copacabana (invita a rezar las oraciones del Padre nuestro y el Ave María)”.
 
Disculpas por la molestia

En este momento, el celebrante invita a la familia entera a hacer memoria de todas las actitudes que han provocado, o están provocando, desequilibrio y han quebrado la armonía con Dios, ya sea dentro o fuera de la familia o comunidad. Ello lleva a realizar una ceremonia de perdón, para la cual el yatiri exhorta a los participantes a restaurar la armonía rota con Dios por la falta de atención a los protectores, por la falta de respeto y cuidado con la naturaleza, por las diferencias y problemas en la familia o comunidad. Los participantes meditan durante un buen tiempo; arrepentidos y poniéndose de rodillas, comenzarán a pedir el perdón de Dios y de los protectores:

“Taqi ñanqhanatsa, taqi juchanakatsa, tatitu khuyapayapxeta”. De todo mal y pecado, Señor, perdónanos (entre ellos se abrazan y se piden perdón y se disculpan mutuamente). “Perdonasikiñani, tatituw perdonsis- tani”: perdonémonos, así como Dios nos perdona).

Acto central:
Presentación de la solicitud

El celebrante prepara las ofrendas y su asistente distribuye porciones de coca a los participantes. Mientras ellos van preparando sus k’intus (ofrendas de coca), piensan sus intenciones: la producción de la chacra, protección de los fenómenos de la naturaleza, trabajo, salud, viajes, estudios, fiestas, difuntos. El yatiri, con su asistente, preparan la ofrenda en las hojas de papel dorado y platinado. Coloca sobre ellas los productos azucarados en uno y, en el otro, los productos de la tierra propios de la región; a ellas añade las miniaturas, emparejándolas cuidadosamente; lo mismo sucede con los otros elementos.

Una vez configurada la ofrenda, cha’lla (asperja) sobre ella con vino, acompañado de invocaciones y oraciones:

“¡Jumakiy Tatitu! (te pedimos, Dios bueno), bendice estas ofrendas para que nuestra madre Pachamama, los achachilas y los Uywiris la reciban con cariño y continúen alimentándonos, protegiéndonos y criándonos durante el nuevo año”.

Ofrecimiento de los presentes

Es el momento de la consagración de la ofrenda. Todos, en silencio, se ponen de rodillas. El yatiri, en actitud reverente, levanta la ofrenda, la eleva e invoca a Dios:

“¡Tatitu!, tú creaste para nosotros la Pachamama, en ella y por ella vivimos y viven todas las plantas y animales. ¡Llamp’uchuymanakasampi! (con el corazón contrito), te pedimos que bendigas esta ofrenda para entregarla a la Pachamama y que ella también la reciba de todo corazón. Así también te pedimos que siempre la hagas productiva y generosa para con nosotros (e invita a rezar el Padre nuestro)”.
 
Mientras, el asistente, con el brasero en la mano -preparado con anticipación-, inciensa la ofrenda como señal de purificación y consagración, se procede a la bendición de los participantes, para lo cual, el yatiri impone la ofrenda sobre la cabeza y su asistente inciensa con el brasero a cada uno de ellos, rezando en silencio e invitando a mantener una actitud de recogimiento y de profunda meditación.
 
Compromiso de ayuda

El aymara, bajo esta profunda experiencia, siente haber entrado en intimidad con ese Dios que acoge su ofrenda y le da plena confianza de continuar bendiciendo su vida y la naturaleza. Sentimiento que le invita a agradecer y compartir gestos de mucha alegría, exclamando en todo momento: “¡que sea en buena hora!”
 
El yatiri envuelve la ofrenda en la inkuña, se la carga en el awayo, recoge toda la mesa y entrega la coca a los padres de familia para que la compartan entre todos.

Intercambio
Diálogo ameno

El diálogo con los protectores y, de ellos, con Dios se realiza bajo una actitud de respeto y de mucha intimidad.

Sólo el yatiri y su asistente se encargarán de consagrar la ofrenda a la Pachamama en el Achachila más importante y cercano de la comunidad. Se dirigen con bastante cautela, intentando llegar antes de la media noche. Ya allí en los primeros minutos del mes de agosto, encienden una fogata y la bendicen con vino y alcohol, pronunciando los nombres de los protectores de los cuatro puntos cardinales para que intercedan ante Dios por la ofrenda que va a ser inmolada; la depositan en el fuego y van acompañando la consumación de la misma con aspersiones de vino y alcohol.

El compartir de la coca

Ese diálogo es acompañado por el intercambio y el sabor de la coca. Una vez seguros de su consumación, se sientan, comparten la coca y el alcohol, y van leyendo en las candentes cenizas la manera cómo Dios y los protectores reciben las ofrendas.

Despedida

Reiteración de la solicitud y compromiso

Reiterar los agradecimientos por esos momentos gratuitos significa renovar su compromiso con ese Dios milenario que les acompaña en cada momento de sus vidas. Antes de los primeros rayos del sol, los ministros descienden de la montaña para compartir esa experiencia gratuita y privilegiada de Dios y los protectores. Su regreso es motivo de gran alegría. Así, los abrazos y deseos son la anticipación de un ágape fraterno y festivo en agradecimiento de esos profundos momentos que llevaron a experimentar la presencia de Dios en el renacimiento del tiempo y en la continua nueva creación.

 

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