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martes, 13 de octubre de 2015

LA MAS ANTIGUA DIOSA MADRE EN AFRICA

 
Unas piedras pintadas hace unos 25.000 años, en Simwawe (Sudáfrica) son las primeras manifestaciones artísticas más antiguas conocidas. Durante milenios los Khoisan fueron dejando sus huellas pictóricas en una extensión de territorio que cubre todo el África austral y zonas del centro del continente. Generalmente reflejan escenas de caza.

Mucho más conocidas son las pinturas rupestres de los montes Tassili N´Ajjer (Argelia), en el desierto del Sáhara. Los yacimientos arqueológicos localizados demuestran la presencia humana en el territorio desde hace 20.000 años a.d.n.e., no será hasta entre 4.000 y 5.000 años a.d.n.e, que aparecerán las primeras creaciones artísticas. Hasta el presente se han catalogado más de 30.000 pinturas y grabados rupestres que abarcan un periodo de 3.000 (5.000 a 2.000 a.d.n.e), hasta la desertización de la región. Los grabados fueron hechos por los Imazighen (Beréberes) del norte, mientras que las pinturas son atribuidas a pueblos que, más tarde, emigraron hacía la cuenca del Niger.

Las pinturas representadas en el Periodo Bubalus, consideradas las más antiguas consisten en escenas de gentes que aún se dedicaban exclusivamente, a la caza (búfalos, rinocerontes, elefantes e hipopótamos). Más tarde, durante el cuarto milenio a.d.n.e, comienzan a domesticar ganado (ovejas y cabras, vacas y posteriormente dromedarios) lo que dejan reflejado en las pinturas del Periodo Ganadero, con escenas de pastoreo, además animales coetáneos como antílopes, orix, gacelas, avestruz, etc. De la época más tardía se han conservado además de pinturas con escenas sociales, diverso arte mobiliario (bailarín enmascarado o Dama Blanca, huevos de avestruz utilizados como recipientes para beber, similares unos encontrados en la isla canaria de Fuerteventura, decorados con dibujos geométricos... ).

Con la desertización del Sáhara, y durante un largo periodo que puede abarcar más de 2.000 años, grupos de estos pueblos nómadas fueron emigrando hacía el Este llevando con ellos su cultura, apreciándose su influencia en las sociedades emergentes del Antiguo Egipto e incluso en las Islas Canarias. Aunque parece que otros grupos ganaderos se fueron desplazando hacía el África Oriental, no se han encontrado similitudes estilísticas entre por ejemplo, las máscaras de arte del Tassili con las del África Oriental.

La existencia de estatuillas representativas de la Diosa-Madre en África, está contrastada desde el II milenio a.d.c. En lo que respecta al noroeste africano en el inmenso desierto del Sahara abundan los grabados y pinturas rupestres referentes a la Diosa-Madre, además de representaciones zoomorfas son una prueba de que en el continente donde surgió la humanidad, posiblemente fue el lugar donde se inició el culto a la divinidad. Hasta hace unos 8000 años una extensa sabána ocupaba lo que hoy es el desierto, en ella proliferaba la vida tanto vegetal como animal y desde Mauritania hasta el Senegal los grupos humanos encontraban los medios necesarios para desarrollar la vida.

Hemos concluido que los pueblos Imazighen se vieron forzados probablemente a una emigración masiva, al establecerse hace 6.000 años antes a.d.c, por causas de las condiciones hiperáridas del Sáhara. Se dirigieron hacía Canarias, hacía Oriente Medio y hacía Iberia y las islas mediterráneas. Parte del patrimonio genético y cultural de Iberia se debe a los imazighen (bereberes). La lengua ibérica antigua, la vasca (como la etrusca y la minoica) parece muy emparentada con la mazigia. ¿Contribuyeron los mazigios al desarrollo cultural de los mediterráneos pre.griegos? Es muy probable que así fuese; los resultados de la genómica histórica y la lingüística no dejan lugar a dudas.

El rico legado de las antiguas civilizaciones mazigias, está compuesto de manifestaciones rupestres, pictóricas y relieves datadas entre los años 8000 y 6000 a.d.n.e. La temática encontrada en los abrigos y rocas son de los más variados estilos y temas. Abundan las figuras humanas, unas con máscaras y otras presentan los cuerpos embadurnados de blanco o pintados con dibujos de líneas, también son frecuentes las escenas de animales en cacerías o en rebaños domesticados así como de caza o pastoreo. Son significativas las pinturas denominadas de "cabezas redondas" las cuales son consideradas las más antiguas estimándose que fueron realizadas por pueblos de cazadores que vivían de la caza y la recolección desde el año 8000 a.d.n.e. Otro estilo de pintura conocido como de "Pastores", se piensa que los artistas fueron pueblos de pastores que domesticaron los animales hasta el año 4000 a.d.n.e., tal como hemos apuntado. A los pueblos nómadas le son atribuidas las pinturas que contienen escenas de ceremonias y las de "carros voladores" o "galope volador" hasta el año 2300. Las de "Camellos" serían realizadas hasta el año 300 a.d.n.e.

En el Sáhara son innumerables los yacimientos arqueológicos con paneles de pinturas y grabados rupestres, especialmente en los macizos montañosos de Hoggar, del Tassile, del Tibesti, del Fezzan etc. En Libia en el Tassile-n`Ajjer, Jabbaren, donde existieron Gorgonas (mujeres guerreras), podemos apreciar una pintura rupestre de una figura femenina de cabeza redonda, en actitud de desplazarse a zancada o danzando, la cual fue calificada por Lhote (1975,19) en Martin-Cano, como «La Dama blanca» de Auanrhet, Inawanghat, Ianouanrhat o Aouanrhet.

Esta figura lleva un sombrero en forma de media Luna rodeada de estrellas, tiene rodilleras, falda y brazaletes de flecos, brazos en forma de "W" y de sus manos enguantadas parece que caen chorros de agua. La piel es de color negra y el cuerpo parece estar embadurnado de blanco. 
 
También del macizo de Tassili-n`Ajjer, Jabbaren, es otra pintura de figura femenina que posiblemente representa a una Sacerdotisa de cabeza redonda datada en entre los años 8000 al 6000 adne. Lleva rodilleras, tobilleras, un cinturón del que cuelgan dos tiras como taparrabos, y tiene un tocado en forma de medialuna. Y transporta algo parecido a un cuenco o cuerno. El cuerno o cuenco está decorado con rayas paralelas y recuerda al cuerno que sostiene la estatuilla de mujer de Laussel, datada en el año 19000 a.d.n.e.

Del mismo lugar mencionado es una pintura rupestre que aparentemente representa a un grupo de mujeres agricultoras inclinadas sembrando, próximo al lugar anterior se pueden ver otro panel con dos mujeres agricultoras que portan el palo excavador o bastón para la siembra.

En el Chad, montes Ennedi, se puede ver un yacimiento rupestre que muestra a varias mujeres desnudas portando el palo excavador, los cuerpos que presentan grandes adiposidades aparecen totalmente tatuados con líneas que asemeja surcos, simbolizando quizás los campos arados.

En el macizo de Aïr de Niger un yacimiento de grabados rupestre nos muestra un conjunto de figuras femeninas asociadas a una jirafa y dos figuras de animales, las féminas los cuerpos están compuestos por dos triángulos con los vértices invertidos, los brazos forma "W" y las cabezas son flores de tulipán. El conjunto está realizado con la técnica de piqueteado, mediante la cual se desprendió la pátina de la roca para formar las figuras. Este panel esta datado en 2.500 años adne.

En Zimbabue, (ex Rodesia del Sur) se halla una pintura denominada como «Dama Blanca» de Damaraland, representa a una cazadora que porta arco y flechas y una flor en la mano izquierda, está asociada a otros dibujos.

La similitud de ambas figuras con la Dama Blanca de Auanrhet es evidente, para explicarlo, Campbell (1991,434-5) apunta que: "...con la desecación del Sáhara y la partida de la numerosísima caza, durante el cuarto milenio a.D., los capsienses y su arte pictórico se trasladaron hacía el sur, donde su influencia se pude encontrar en los diferentes estilo de Rodesia del Sur:.. la ahora famosa y aún más misteriosa «Dama Blanca» de Damaraland..."

La arrolladora penetración de los ejércitos musulmanes en el Norte de África, con su terrible carga de fanatismo islámico enemigo acérrimo de cualquier manifestación artística de las divinidades por una parte, donde los pueblos invadidos se les ofrecía dos opciones simples, o aceptar el Islám o perder la cabeza, y posteriormente, los intentos de penetración de los católicos y protestantes portando una dosis no menor de intolerancia religiosa, arremetieron despiadadamente contra cualquier manifestación externa de las antiquísimas creencias del pueblo mazigio y de los otros pueblos del continente. Como consecuencia de estas agresiones las representaciones estatuarias fueron masivamente destruidas, por lo que son pocos los ejemplos de esculturas antiguas referentes a la Diosa-Madre en el continente africano. Aún así, podemos observar que las estatuillas básicamente tienen las mismas formas que otras encontradas en otros continentes lo que nos hace suponer que estas figurillas acompañaron al hombre en sus migraciones desde tiempos remotos, retornando milenios después a su lugar de origen con ligeras variantes en las formas producto del avance de las diferentes culturas.

A pesar de lo expuesto podemos admirar algunas manifestaciones de estatuillas antropomorfas de la prehistoria africana, algunas de las cuales son de factura relativamente recientes ya que están datadas en el II milenio a.d.n.e. Estas figurillas son exclusivamente femeninas al igual que en el resto del mundo, perteneciente a la civilización paleo-africana y representan a la gran Diosa-Madre. Han sido realizadas en piedra y terracota y proceden de tumbas. La idea extendida en el mundo neolítico de que, al estar el difunto acompañado de la representación de la gran Diosa-Madre, ésta con su poder les concedía la resurrección, han hecho posible la pervivencia de estas figurillas testimonios de la firme creencia en la vida después de la muerte en el hombre del neolítico.

En el Sáhara se encontraron ocho cabezas en un yacimiento de Tabelbalet, Argelia. Son pequeñas tallas en piedra de la Diosa-Madre, ésta aparece grabada en forma de un cono y confundida con el mismo, muy semejantes a los neolíticos franceses.

Otra figurilla de formas singulares tiene triángulo púbico, mamas, brazos como alas e inscrita en un rombo (ambos elementos son atributo de la Diosa Tanit), hallada asociada al rico ajuar de la tumba de Tin Hinan o Al Kaina, la heroína del pueblo mazigio.

Los hechos históricos con el transcurso del tiempo suelen tomar tintes de leyenda y viceversa, como es sabido se llega a un punto en que se hace difícil separar lo que de historia real o de leyenda nos presenta una narración, sobre todo cuando ésta no fue recogida mediante la escritura cuando se produjeron los hechos, sobre todo si estos tuvieron lagar hace 1600 años.

Esta es la situación en que nos encontramos cuando nos enfrentamos con la pervivencia de una Diosa de origen reciente. Para los Tuareg actuales la creadora primigenia fue Tin-Hinan, "la de las tiendas", en lengua tamazig o Al-Caina para los arabofonos. La historia de esta Diosa-Heroína es relativamente reciente: Hace 1600 años una esbelta mujer decide abandonar su residencia de Tafilalet, en el suroeste del Atlas en el actual Marruecos, montada en una camella blanca y acompañada de su fiel criada Tamakat y un séquito de esclavos negros, emprende un viaje que le llevaría hasta Abalessa, al sur de Argelia, en pleno corazón de Sáhara Central. Tin-Hinan portaba en la caravana una gran cantidad de mercaderías además de sus joyas personales, las cuales eran cuantiosas. La princesa llegada del Atlas se estableció en el entonces fértil Valle de Abalessa, que aún hoy conserva una serie de doce antiguos y destartalados pozos, recuerdo de pasados tiempos más halagüeños. Las leyendas, tanto la tuareg como la islámica, nos sitúa a la intrépida princesa ocupando el paradisíaco lugar junto al oasis donde creó su reino y permaneció hasta su muerte. Llegó con una hija llamada Kella y allí engendró con los dioses a tres hijos más que se llamaron Tiner, Takenkor y Tamerouelt, quienes dieron origen a una de las razas más incógnitas del planeta, los Tuareg, término que quiere decir "hombres libres". Una raza de tribus nómadas que extendió su poder por toda África central, donde siempre han sido temidos y respetados. Los Tuareg han guardado con veneración, de generación en generación, el recuerdo de su filiación materna, al igual que han guardado su tumba durante dieciséis siglos en un túmulo sobre una pequeña colina próxima al oasis, y que es el monumento más importante del Sáhara central. La tumba sirve de centro a una pequeña necrópolis donde prácticamente al mismo nivel fueron construidos otros doce enterramientos en forma de pequeñas torres, entre los que fue descubierto el esqueleto de un niño, y que fueron descubiertas para los europeos en 1932. Según la versión de algunos investigadores el conjunto en su origen fue una vivienda convertida después en fortín, y las tumbas que aparecen en los alrededores de la misma son posteriores, siendo posible que la veneración hacía Tin-Hinan, o la práctica de algún rito desconocido, motivara el enterramiento en el lugar de algunos Tuareg prominentes. El lugar ha sido centro de peregrinación para los hombres azules, quienes acostumbran a pasar la noche en absoluto recogimiento recostados sobre la tierra reseca de las laderas de la colina sagrada en actitud de custodiar a la vez que adorar el interior, santuario de la Diosa.

Los arqueólogos franco-americanos Reygasse y el conde Byron de Prorok inician las excavaciones de la necrópolis de Abalessa, situada a cincuenta kilómetros al N-E de Tamanrasset, y a unos doscientos cincuenta kilómetros de la cordillera del Tassili, en la frontera con Libia, encontrando la tumba de Tin-Hinan, sacando a la luz aspectos desconocidos e insospechados de las ruinas, del oasis, de la historia y geografía del territorio y sobre todo de la existencia y origen de la princesa Tin-Hinan la Diosa-Madre del pueblo Tuareg.

Las catas iniciadas por Prorok dieron como resultado la puesta al descubierto de varias salas vacías con muros de unos espesores entre 1 y 4 metros; finalmente centró la excavación en una de las once salas que componen el monumento funerario o palacio de Tin.Hinan. Se trata de una estancia de 5 por 4 metros de base y 2 de altura. La sala estaba vacía, más su suelo estaba cubierto por losas, lo que no sucedía en las otras estancias: seis enormes losas, de varias toneladas de peso, que fueron transportadas a la cima del túmulo inexplicablemente.

Al levantar una de las losas apareció bajo ella otra sala, una estancia de 2´30 por 1´50 de altura. La luz del ardiente sol del desierto alumbró la presencia de un esqueleto completo. Por fin, los restos de la bella princesa Tin-Hinan habían sido hallados; y con ellos, desvelados algunos de los secretos de su vida y su divinidad. El ambiente seco del desierto había conservado el esqueleto en excelente estado. El ajuar funerario estaba compuesto por siete brazaletes de plata en el brazo derecho, ocho en brazo izquierdo. Sobre el pecho un anillo y una hoja doblada de oro. Su pié derecho se encontraba rodeada de bolas de antimonio, y en el izquierdo llevaba cinco perlas de metal y piedras preciosas. A la izquierda de su pelvis se encontraban una treintena de perlas de diversos colores; y perlas blancas y restos de un traje de cuero sobre su pecho. Junto al esqueleto se encontró la estatuilla de una mujer estilizada con sus órganos sexuales representados con gran realismo. La postura es similar a la que presentan otras figurillas prehistóricas encontradas en Mesopotamia, China, Oceanía y en América, representativas de la Diosa de la naturaleza.

A pesar de que oficialmente todo el pueblo mazigio del continente profesa la religión islámica, determinados pueblos continúan practicando ancestrales ritos que no son aceptados por el islamismo. Así tenemos, por ejemplo, la adoración a una santa que profesa el pueblos Seksawa, de las estribaciones del S.O. del alto atlas, donde el idioma está arabizado para cuestiones culturales y religiosas, no se rinde culto en esta lengua cuando se realizan los sacrificios rituales en honor de la "Santa popular" Lalla Aziza, durante el mes de julio, santa considerada símbolo de la resistencia antimerínida cuyo culto se remonta al siglo XIV. Según José Matas: "Durante la ceremonia se pone de manifiesto una gran tensión, que experimenta un notable incremento cuando se clava el cuchillo en el cuello del animal sacrificado. En este mismo instante, todos los presentes se abalanzan sobre la victima para agredirla con gestos violentos aunque sólo sea fingiendo un golpe con el brazo en alto. Algunos se tiñen la cara de sangre y la mayoría alcanzan un estado de semiposeción. Después responden a invocaciones cantadas en un intento de traer buenos auspicios sobre la comunidad y de obtener el favor de Lalla Aziza."

De entrada, resulta obvio que el Islam jamás reconocería una santidad y un protagonismo femenino como el de Lalla Aziza. Pero J. Matas lo contextualiza un tanto distorsionadamente: "Prácticas como la anteriormente descritas corresponden a diversas supersticiones locales que "complementan" o simplemente se añaden a las demás prácticas propias de la religión musulmana comunes a todos los bereberes". Este autor reduce a mera superstición lo que para el pueblo mazigio es una evidente manifestación de religiosidad. Quizás su equívoco provenga de la idea preconcebida de que el ámbito de lo religioso sólo lo expresan en árabe. Además, ésta no es la única forma de religiosidad bereber o amazigh, arraigada hondamente, al igual que otras que socialmente son subterráneas o íntimas, que acaban en el cajón de las supersticiones o de lo detectado por el investigador por pertenecer al ámbito de la intimidad personal y, por consiguiente, al lado oculto de la esfera cultural y del comportamiento humano. O dicho de otra manera, ignoradas y por tanto discriminadas de los análisis de lo religioso, lo cual permite seguir hablando de islamización neta entre los amazigh.

En Sain-Donat, Argelia, en la región de Constantina también se han encontrado vulvas grabadas en las rocas, símbolos divinos de fertilidad, así como Kerkús, mazigios en forma de túmulos cónicos, representación de la Diosa de la muerte similares a otros existentes en diversas cuevas de las Islas Canarias.

Los ídolos hermafroditas, similares a los aparecidos en Europa, Asia, América y Oceanía, tienen su equivalente en el encontrado cerca de Thiaroye-sur-Mer o Thia Roye, Dakar, Senegal, esculpido en un guijarro de gresita, con torso paraboloide y grabados de puntos y trazos y triángulo púbico.

En Sudán, también nos ofrece extraordinarias esculturas femeninas localizadas en yacimiento de Nubia, al norte de Sudán, estas figurillas están datadas entre los años 1900 a 1550 a.d.n.e. Entre ellas: El bello y moderno torso embarazado encontrado en Kadada con dibujos de líneas paralelas; una figura con cara zoomorfa, brazos como alas, hallada en la tumba de una joven en la fortaleza de Aniba; Otra sentada con brazos como alas, grandes adiposidades en muslos y escarificaciones en el vientre y piernas en formas geométricas de líneas en zig-zag, también localizada en Aniba: Otra más simplificada embarazada, con collar y cabeza de oveja, que la identifica con la Diosa tierra de Askut.

El Lago Chad es rico en yacimientos arqueológicos del pueblo Sao. Una de las partes más ricas de yacimientos lo aporta las abundantes estatuillas femeninas y los objetos de barro decorados con espirales. Una las más significativas de estas figurillas es un ejemplar de color rosada con enorme boca, collar, escarificaciones de espigas en aspa o motivo de "X".

Nigeria, nos aporta con la civilización de Nok, de la región norte, desarrollada entre el año 600 a.d.n.e. al 500 d.n.e., se han localizado por exploradores ingleses por primera vez en el año 1928, en minas de estaño terracotas antropomorfas de rasgos negroides, provistas de peinados de gran sosfistificación y de pelucas, como la figura femenina con ojos triangulares, pupila y nariz horadadas, boca con labio superior elevado con mamas en la cabeza como sombrero de Jema, datada en el año 250 a.d.n.e.

Sin duda alguna la mayor cantidad de estatuillas de la Diosa-Madre, pertenecen a sus enterramientos. No son sólo vestigios materiales de culturas desaparecidas o sincretizadas, sino también manifestaciones de la concepción de su existencia en un periodo histórico en que la esperanza de vida no era muy elevada y la lucha por sobrevivir era intensa. En estos yacimientos hablan más de lo que parece de un mundo donde los aspectos de la vida material y espiritual estaban íntimamente unidos.

La religión es una situación anímica del individuo siendo esencialmente moral y filosófica, por ello, es difícil que lleguen hasta nosotros pruebas tangibles y concretas de sus ideas, pero, por lo general, las creencias se asientan en objetos materiales como símbolos sagrados, mediante los que se proyectan estas ideas profundas consiguiendo así que lo espiritual sea más cercano y aprehensible. La necesidad de los seres humanos por comprender su existencia y destino final se manifiesta en diferentes objetos, enterramientos y monumentos funerarios.
 
 

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