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martes, 21 de julio de 2015

LA SERPIENTE, TÓTEM Y MEDICINA



La serpiente ha sido siempre un símbolo de Transformación, renacimiento, resurrección, iniciación, sabiduría, y de nuevos comienzos. Las culebras y sus parientes las serpientes y los gusanos, ocupan un ligar central en la mitología del mundo. Su capacidad de deshacerse de su piel y moverse por el mundo sin pies los ha hecho aparecer siempre bajo una luz mágica o atemorizante.

A la serpiente, antes de desprenderse de su piel, se le nublan los ojos como para indicar que está entrando en un estado entre la vida y la muerte. Las personas de la medicina de la serpiente aprendían a imitarla y a moverse entre las esferas de la vida y la muerte con el propósito de sanar y de iluminarse.

De todos los reptiles —y posiblemente de todos los anímales—, la serpiente ha sido la que más controversias y paradojas ha suscitado, abriendo la polémica en círculos religiosos sobre si se trata de un símbolo de lo superior o de lo inferior. Considerada a veces como el demonio, vista otras veces como un agente sanador, lo cierto es que la serpiente se ha ganado por derecho propio una destacada reputación mítica.
 
En el continente americano la serpiente ha sido siempre un símbolo destacado en el arte y en la cultura popular. Para los nativos americanos era un símbolo de transformación y sanación, llevando a cabo ceremonias en las que el iniciado aprendía a transmutar los venenos en su organismo, tras ser mordidos en repetidas ocasiones por la serpiente. El mero hecho de sobrevivir a esta experiencia permitía al iniciado transmutar todos los venenos, físicos o no físicos, activando energías capaces de matar o de curar que, en última instancia, daban lugar a espectaculares curaciones.
 
En la tradición navaja, la serpiente, de género masculino, es una de las cuatro criaturas, junto con el oso, el sapo y la tortuga, que emprenden la aventura de buscar una esposa para ella misma. Encuentran a una mujer llamada Glisma, que se siente encantada con la preciosa serpiente, que cambia tomando un cuerpo de hombre con ropa de color arco iris. En medio de su subsiguente huida y captura por parte de la serpiente Glisma aprende a hacer las pinturas con arena que pueden curar a la gente, y los cantos Hozoni que acompañan a esta forma única de curación. El encuentro de Glisma con la serpiente y su pueblo es muy celebrado como fuente y origen del estilo de curación de los navajo.
 
En las culturas mesoamericanas, la serpiente era el símbolo del mayor de sus dioses y héroes, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, el dios que muere con la promesa de regresar en un futuro. Como dios y patrón de los toltecas, Quetzalcóatl era señor de los cielos y las estrellas, así como de todos los movimientos del universo. «Él era el señor de los vientos y de las nubes, y el genio protector de su pueblo».