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viernes, 24 de julio de 2015

LOS CHAMANES INUIT


El chamán  inuit o angekkok, tiene grandes poderes espirituales, que por lo general se desarrollan cuando llega a la edad de la pubertad. Es entonces cuando en soledad durante unos días, ayunando y disociado de su entorno,  un espíritu se le aparece generalmente forma casi humana. Un diálogo entre ambos se produce en la que el aspirante asustado se le promete fuerza y visiones. Él vuelve a casa con su familia y sigue viviendo una vida normal, pero finalmente es buscado por un chamán y es aceptado para ser su asistente. El Chamán entrenará al asistente en las habilidades chamánicas de curación de la enfermedad, el control del clima, y a pronosticar el futuro.

Los inuit son parientes cercanos de los pueblos mongoles y siberianos que viven en torno al Círculo Ártico. Antes se les conocía como esquimales y ahora este nombre se considera inapropiado, siendo inuit un término más ampliamente aceptado.

La mayoría de los grupos inuit tienen un chamán, o angakok, cuya tarea es mediar entre este mundo y el otro, e invocar a los espíritus para que liberen a las almas de animales a fin de que la caza pueda tener éxito.

También sanan a los enfermos viajando para traer de vuelta las partes perdidas o robadas del alma; cuando el enfermo las recupera, se cura.

En tiempos anteriores se realizaban rituales elaborados en los que el chamán bailaba y cantaba describiendo su viaje al otro mundo mientras la gente se sentaba cautivada a contemplar la dramática representación. Esto ha llevado a algunos observadores a asumir que había un elemento de engaño incluido en las acciones del chamán, pero otros han apuntado que, cualquiera que sea la verdad del asunto, el propio Chamán creía completamente en la experiencia que describía. Así, cuando un joven cazador se embadurnaba con la sangre dc una criatura muerta y posteriormente lo describía como un signo de su gran lucha interna con el espíritu de la criatura, en la mente del antropólogo observador no cabía duda de que el hombre creía completamente en su propia experiencia.

La mayoría de los chamanes inuit eligen seguir el camino iniciático prescrito para ellos y emprender complejos rituales como la búsqueda de la visión, similar a la realizada por los chamanes norteamericanos, en la que toman una bebida alucinógena o ayunan hasta alcanzar un estado alterado de consciencia para comunicar directamente con los espíritus.

A veces el futuro chamán es elegido cuando los espíritus le envían una enfermedad grave que le cambia, o tiene un sueño que aclara su vocación. Los que manifiestan estos signos se convierten en aprendices del actual chamán, que les prepara para tomar su puesto cuando llegue el momento.

Como en otras culturas, se cree que algunos chamanes inuit tienen cualificaciones especiales para su papel. Por ejemplo, se reencarnan habiendo sido un animal específico.

A estas personas se las reverencia como si fueran de enorme valor para la comunidad, puesto que su conexión espiritual con esa criatura particular potencia su capacidad de sentir la presencia de animales buscados para alimentarse y fabricar vestimentas.

Las creencias relacionadas con las conexiones entre los animales y los humanos son extremadamente poderosas, y entre muchas de estas tribus se acepta abiertamente que los humanos pueden participar de la naturaleza animal y que los difuntos se reencarnan en animales. La idea de espíritus con formas animales también forma parte del sistema de creencias inuit, como lo es de sus primas, las primeras naciones de Norteamérica. Hasta el día de hoy, entre los inuit y las tribus afines estas ideas se expresan mediante la creación de máscaras elaboradas, que a menudo combinan características humanas y animales.

Entre ciertos grupos dentro de la comunidad inuit, los chamanes usan un tipo de lenguaje particularmente arcaico que les ayuda a separarse de la realidad de cada día (y también a hacer que su trabajo sea más secreto) y les permite comunicar más fácilmente con los espíritus. En el lenguaje de cada día se usan otros términos metafóricos para evitar describir realmente la naturaleza de la experiencia chamánica. Por ejemplo, el retorno del Chamán de un viaje interno se describe como «la sombra del madurar», mientras que al chamán se le describe como «el que tiene el tambor».

También existen prohibiciones contra el uso de ciertas palabras durante una ceremonia o viaje. Los chamanes se esforzarán por no nombrar ciertos objetos o personas en los relatos de sus viajes, puesto que hacerlo les daría mala suerte. Curiosamente esto es similar a una técnica conocida entre los antiguos celtas, que se esforzaban por usar distintas palabras, o pensar en la imagen opuesta a la de la cosa en la que realmente se estaban enfocando. Así, podían pensar en calentarse más cuando lo que en realidad querían era reducir el calor de una fiebre. Esta idea, como la de llevar la ropa puesta del revés, como se practica en Irlanda cuando alguien está perdido entre las razas de las hadas, sugiere que esta inversión de la realidad ayuda al chamán a entrar más profundamente en el otro mundo y a interpretar las palabras o visiones del espíritu con más claridad.

Otras de las tareas principales del chamán inuit es «liberar» las almas de los animales muertos y «recuperar» las almas humanas que puedan haberse perdido. Esto forma parte de una creencia por la cual cada persona posee más de un alma, y que el alma secundaria o «libre» es la que el chamán libera para que emprenda viajes y experimente los estados fuera del cuerpo de los que hablan los chamanes de todo el mundo. Esto, a su vez, ha llevado a la idea de la fragmentación o pérdida del alma, o en algunos casos al robo del alma, conceptos que forman parte del marco básico de la práctica chamánica. Los chamanes de nuestros días recuperan regularmente partes del alma que pueden haber sido ahuyentadas por circunstancias imprevistas, como un accidente violento o un asalto físico, o robadas bien por otro ser humano o (entre algunas culturas del mundo) por un espíritu maligno.

Cuando se inicia al nuevo chamán, los ancianos toman su alma libre y se la presentan a los espíritus guía para que se familiaricen con el nuevo chamán; así es más probable que respondan cuando él les convoque. Alternativamente, las almas que residen en cada uno de los órganos vitales pueden ser enviadas a los espíritus ayudantes, que las examinan y a veces ofrecen refinamientos. Esto consigue que el aprendiz sienta menos temor cuando finalmente se encuentra con los espíritus, puesto que ahora tiene una conexión espiritual con ellos.

A pesar de la influencia del dogma religioso entrante, que se esforzó al máximo por alejar la vida de los inuit de su tradición, este pueblo ha conservado un legado chamánico que sigue estando vivo en nuestros días, aunque siempre parece estar al borde de la extinción.

De vez en cuando se dice que ha muerto el «último» chamán inuit, para ser reemplazado por otro surgido entre la gente para actuar como mediador entre los mundos. En general, esta zona del mundo conserva algunas de las tradiciones chamánicas más antiguas y perdurables. En casi todos los casos en los que se comenta o se escribe sobre el chamanismo clásico, las tradiciones siberiana, sami o inuit se citan como las más auténticas.

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