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miércoles, 26 de agosto de 2015

HOPIS: LA KIVA O MATRIZ DE LA MADRE TIERRA


La kiva, el recinto subterráneo en que se llevan a cabo los rituales, es el elemento de mayor importancia a este respecto.
 
Hace mucho tiempo, cuando la gente aún andaba en sus migraciones por la Tierra, no tenía otros hogares que las pequeñas fosas que cavaba en la tierra y techaba con matas y lodo. Miles de estas crudas casas prehistóricas aún están descubriéndose en toda América. Gradualmente se hizo más lento el progreso de las migraciones de los clanes. Habían alcanzado los extremos de la tierra y reclamado el continente. Ahora buscaban lugares dónde establecerse y cultivar sus cosechas. Construían pequeñas aglomeraciones de casas en las cuevas de las altas escarpas y encima de ellas, así como sobre la llanura, pero seguían cavando fosas como depósitos para guardar el maíz y como sepulturas para los muertos.
 
Uno por uno, los clanes fueron uniéndose. Los pequeños grupos de casas se juntaron y expandieron hasta formar pueblos o viviendas únicas del tamaño de un pueblo. La gente se volvió campesina. Cultivaba maíz, calabazas, frijoles y algodón en los campos alrededor de los pueblos. Las casas de fosas y los depósitos donde antes guardara el maíz que le daba la vida y donde solía enterrar a los muertos empezaron a utilizarse para efectuar las ceremonias sagradas mediante las cuales la vida y la muerte se unían en un continuo perdurable. Se transformaron en kivas.
 
Tal como indica su nombre, la kiva (mundo inferior) era lo suficientemente grande para que cupieran los miembros de varios clanes. Representaba un símbolo abstracto de los principios de la fe. De forma cilíndrica o rectangular estaba hundida, como una matriz, en el cuerpo de la Madre Tierra, de la que nace el ser humano junto con todo lo que lo alimenta.

Un pequeño agujero en el piso conducía simbólicamente al inframundo anterior. La abertura en el techo para la escalera representaba la salida al mundo de arriba. La kiva constituía la construcción más distintiva de todos los grandes centros de vida prehistórica en la América del Norte. El simbolismo estructural alcanzó su máxima expresión en la Gran Kiva del siglo XII.
 
La kiva más grande que se ha excavado y reconstruido por completo hasta la fecha es la Gran Kiva cilíndrica de Aztec, Nuevo México. Se halla en la plaza central de un pueblo ahora en ruinas, el cual tenía tres pisos de alto y abarcaba 500 cuartos. La sala principal del altar mide más de 15 metros de diámetro. Una pequeña habitación cuadrada está unida a ella hacia el norte por unos escalones que suben hasta el nivel del suelo exterior. Al entrar en ella se domina, hacia abajo, la enorme y espaciosa sala, que aún emana la sensación inefable e indeleble de un extraño templo que existió en un mundo antediluviano, mucho antes de que este continente surgiera del tiempo sin tiempo. Se trata de más que de la huella de un pasado prehistórico. Es un símbolo arquitectónico de la forma que posee el alma en toda la Creación.
 
Entramos allí con un amigo hopi que, si bien era la primera vez que los veía, supo interpretar fácilmente para nosotros los enigmáticos significados de los detalles de la construcción. Cuatro grandes pilares de albañilería sostienen el elevado techo, que pesa 90 toneladas. El piso ha sido excavado para mostrar que cada una de las columnas descansa sobre una base de cuatro enormes discos de piedra, que representan los cuatro mundos sucesivos por los que el hombre ha llevado su existencia.

Una de las columnas tiene otro rasgo peculiar. Entre los bloques de piedra están intercaladas capas cruzadas de ramas redondas de cedro.
 
Simbolizan las cañas tejidas en forma entrecruzada para fabricar las balsas sobre las que los seres humanos llegaron al actual Cuarto Mundo.
 
Alrededor de las altas paredes se observan estrechas ranuras verticales o escaleras. Cada una contjene cinco peldaños de cedro para simbolizar los cuatro mundos que el hombre ha escalado y el quinto al que ascenderá a continuación. Estas escaleras se ensanchan hacia arriba, en las aberturas que conducen a 12 pequeñas cámaras periféricas construidas sobre el muro circular exterior de la kiva.

Así, pues, se delinea la cosmografía del universo.

Sobre el piso se encuentra un altar elevado de piedra para encender un fuego. A cada lado hay una gran bóveda o fosa forrada de piedra, cuyo propósito no se conoce con certeza. Todo ello fue utilizado para efectuar el ritual mágico del fuego, del cual aún se observan algunos vestigios en los modernos pueblos hopis.

Esta gran cámara era la sala del altar, reservada para los sacerdotes con autoridad para conducir las ceremonias religiosas. Los neófitos designados para la iniciación se sentaban en el pequeño cuarto contiguo. Estas kivas grandes establecen el patrón general para las tempranas kivas circulares, como aún están en uso en los pueblos contemporáneos a orillas del río Grande.
 
No es posible precisar cuándo adoptó la kiva hopi la forma rectangular, con orientación de oeste a este. No obstante, sólo se modificó su forma exterior. Los rasgos simbólicos del interior permanecieron iguales, con un diseño sumamente original y de profundas implicaciones.
 
La kiva hopi de hoyes, pues, como sigue. Está sumida en una plaza central, el kisonvi (centro del pueblo), donde se realizan bailes públicos al concluir las ceremonias secretas llevadas a cabo en el interior. La forma rectangular está dispuesta según las direcciones del eje este-oeste, trazado por el sendero del Sol que lo atraviesa a lo largo, y del eje norte-sur de la Tierra, en cuyos extremos se encuentran Poqánghoya y Palongauhoya para mantener la rotación correcta del planeta. A veces la kiva se ensancha hacia un extremo, de la misma manera como las puertas en forma de "T" que se hallan en todas las antiguas ruinas hopis, y que son a su vez la "identificación del cabello" de los hopis.
 
En el interior, el piso de la mitad oriental está ligeramente elevado por encima del nivel de la mitad occidental. Durante los ritos de iniciación los novicios ocupan la parte más alta. La baja siempre está reservada a los sacerdotes, reflejando de esta manera las diferentes etapas de su desarrollo religioso.

La arquitectura de la kiva y los conceptos encarnados por el ceremonial hopi son directamente contrarios a la iglesia de origen europeo. La iglesia cristiana se construye encima de la superficie y su torre fálica se impulsa hacia el espacio. La kiva está hundida en el suelo, como una matriz de la Madre Tierra. En el interior de la iglesia cristiana, el altar y los curas se encuentran elevados encima del nivel de los devotos comunes y están adornados con la vestimenta más rica. En la kiva, por el contrario, el altar y los sacerdotes ocupan el nivel más bajo. Los sacerdotes siempre andan descalzos, como expresión de su humildad.
 
En el centro de la kiva, al mismo nivel del altar y directamente debajo de la abertura en el techo, se halla la fosa hundida en que se enciende un fuego durante la Ceremonia del Fuego Nuevo de Wúwuchim, pues con el fuego comenzó la vida. A un lado está el pequeño agujero en el suelo llamado sipápuni. Según el análisis etimológico este término deriva de las dos palabras por "ombligo" y "camino desde". El sipápuni figura, por consiguiente, el cordón umbilical desde la Madre Tierra; y simboliza el sendero recorrido por el ser humano en su Salida del inframundo anterior.
 
Normalmente está tapado y cubierto por una tabla que se quita como parte del rito en que se representa esta Salida. El altar ocupa el centro del piso en el nivel inferior. El borde que recorre como un asiento la pared occidental directamente enfrente de la escalera constituye la "casa kachina", a la que se hace referencia como kachinki al hablar con los no iniciados, y como tuwaki porque es depositaria de las máscaras kachinas cuando no están habitadas por los espíritus que les confieren vida. La escalera representa la caña escalada por el ser humano durante su salida. A través de la abertura en el techo se observan las constelaciones en el cielo, cuyos movimientos fijan la realización de todos los rituales. En otras ocasiones la abertura está cubierta con una tapa de paja llamada núta, lo cual significa "cubrir" o "mantener en su lugar". Tal es, pues, la estructura completa de este universo de múltiples mundos: el sipápuni que desciende hacia el Sitio del Principio; la fosa hundida donde la vida comenzó con el fuego, en representación del Primer Mundo; el nivel del Altar, o Segundo Mundo; el nivel elevado en que descansa la escalera, como símbolo del Tercer Mundo; y la escalera, que sirve como otro sipápuni hacia el actual Cuarto Mundo afuera y arriba de la kiva.
 
Construida con piedras del lugar, como la mayoría de los edificios hopis, la parte central de la kiva sobresale unos cuatro o cinco pies encima de la superficie del suelo. Esta sección se llama kivaove, lo cual significa simplemente "la parte de arriba". Muchas casas hopis, construidas en forma de terrazas, imitan el mismo modelo. El aspecto de estas casas y de la parte visible de las kivas es de carácter peculiarmente hopi y desde hace mucho tiempo ha despertado un gran número de preguntas acerca del origen de su forma.
 
Los hopis nunca carecerán de una respuesta acertada y divertida. Simplemente vuelven al revés el perfil dibujado de la construcción, agregan los rasgos de una cara y explican que la característica distintiva de todos los hombres hopis es el tradicional fleco y el pelo que les cubre las orejas.

Probablemente revista mayor importancia el hecho de que éste sea el mismo perfil de la entrada para la escalera en la Gran Kiva de Aztec, y la forma de las puertas tradicionales de los hopis. El término túoinaka (adorno para la oreja, en forma de pila de maíz), el cual se aplica a los aretes incrustados utilizados por las Doncellas Flauta durante la Ceremonia de la Flauta, también se refiere a esta forma y al cabello de los hombres. Según suele afirmarse, esto prueba el origen hopi de las puertas similares halladas en las ruinas esparcidas en toda la parte suroeste de los Estados Unidos así como en los territorios del norte de México.
 
Las kivas hopis no están construidas con el sistema doble de los pueblos tewa y keresan de orillas del río Grande, que cuentan con dos kivas.
 
Tampoco reproducen el sistema sextuplicado del grupo tanoano, como en Taos Pueblo, donde hay una kiva para cada una de las seis direcciones. Puede haber cualquier número de kivas en un pueblo hopi. No reflejan sólo el tamaño de la población que había en el pueblo sino también la importancia revestida por las kivas en la vida de los hopis.
 
Abarcan desde un número máximo de 14, que en cierto momento estuvieron en uso en Oraibi, hasta las dos utilizadas en Shipaulovi. Las kivas suelen asociarse principalmente con los clanes que las construyeron y que llevan a cabo sus ceremonias distintivas en su interior. Entre las fechas fijadas para los ceremoniales son aprovechadas como cuartos de reunión colectiva. Para estas ocasiones hay una entrada a nivel del suelo, en beneficio de los viejos y los enfermos. Permanecen en uso casi constante durante todo el año, lo cual refleja el carácter dominantemente religioso de la vida hopi. Esta particularidad influye incluso en la administración de los asuntos seculares.
 
A fin de ser reconocido como un verdadero pueblo hopi, cada pueblo debe elegir a un cacique del Clan del Oso. De otra manera, es considerado meramente como una población con un gobernador elegido por el Consejo Tribal. El Consejo Tribal por lo común suele verse sólo como un gobierno títere sujeto al Departamento Indígena de los Estados Unidos y establecido con fines administrativos. No tiene un carácter representativo del pueblo, carece de autoridad real y hay poco interés en él. Una población de este tipo es Kiakochomovi o Nuevo Oraibi, cuyo gobernador fue elegido en 1959 mediante cuatro votos, de un total de diez emitidos para hacer la selección entre todos los candidatos. Cuenta con tres kivas que se utilizan sólo para danzas hachinas, no para ceremonias, como si fueran iglesias no santificadas y sin sacerdotes.
 
Bakavi también cuenta con tres kivas y sólo un gobernador. De las 14 kivas en Oraibi, la cuna del ceremonialismo hopi, tres aún son utilizadas por los últimos 50 residentes. Moencopi, un pueblo situado 80 kilómetros al oeste de Oraibi, tiene tres kivas. Su cacique pertenece al Clan del Maíz yerde, que está asociado al Clan del Pozo Breve porque su kachina guía es Aholi quien, junto con Eototo, debe ser encarnado sólo por el Clan del Oso. Por lo tanto Moencopi es un "hijo" de Oraibi, que valida todas sus ceremonias.
 
Hotevilla tiene seis kivas y es actualmente el pueblo más importante en el sentido ceremonial. Fue fundado en 1906, cuando el cacique Yukioma y sus partidarios abandonaron Oraibi, supuestamente para volver a Betatakin, de donde provenía su Clan del Espectro. Por consiguiente, un miembro del Clan del Espectro o de los Clanes del Fuego y de la Madera Humeante, sucesores de aquél, sirve como cacique del pueblo. Hotevilla, pueblo indómito, aún se niega a la cooperación con el Consejo Tribal.
 
En la Segunda Mesa, el gran pueblo de Shongopovi mantiene cinco kivas. El cacique de este pueblo pertenece al Clan del Oso. Los pueblos más pequeños de Mishongnovi, con tres kivas, y Shipaulovi, con dos kivas, tienen un solo cacique entre los dos, que es miembro del Clan del Oso.
 
En la Primera Mesa han desaparecido todos los representantes de los cinco clanes sucesores del Clan del Oso. Por lo tanto, el cacique de Walpi es seleccionado en forma alternada entre una nueva fratría de cuatro clanes: Flauta, Serpiente, AntI10pe y Serpiente del Agua, lo cual explica el predominio de sus ceremonias en la Primera Mesa. Walpi tiene cinco kivas; Sichomovi, dos; y Hano, una.
 
La kiva constituye, pues, el punto central de la vida hopi. Es un símbolo abstracto de los principios de los antiguos ceremoniales realizados en ella; funciona en el nivel secular, y representa el corazón subterráneo de todo lo verdadera y distintivamente hopi.  

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