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lunes, 31 de agosto de 2015

RITUAL DE LA MUERTE EN LA COSMOLOGÍA ANDINA


FIESTA DE LAS ÑATITAS
 
Adquirir y venerar un cráneo humano durante tres años, levarlo el 8 de noviembre al templo a “escuchar la misa”, pedirle bendiciones y luego – previa preparación de fumar cigarrillos, masticar coca y vestirla con sombrero – festejar al cráneo humano en grande junto a los amigos del barrio y del trabajo.
 
La adoración a las calaveras ya se practicaba en la cultura prehispánica de Tiahuanaco, donde los cráneos de la gente querida y los antepasados se consideraban fuentes de poder que daban protección a las personas, las familias y las comunidades, según las investigaciones de los arqueólogos.
 
Es que un rito – para muchos macabro - que se practicaba en la clandestinidad, ha salido a las calles causando asombro a propios y extraños. Un tema que parecía hasta hace poco un tabú, se manifiesta como una extraña fusión entre la Evangelización de la Cultura Andina y la actual cultura Materialista, que producen la extraña práctica de festejar con un tono religioso a los cráneos humanos.

En los últimos años este fenómeno necrófilo ha interesado no solamente a la gente de la metrópoli paceña, sino que al estar muy ligada a la cultura andina se ha ido expandiendo debido a las migraciones internas que se dan en Bolivia. 

 
 Bolivia, país que vive la euforia del indigenismo y la etnicidad que se ha convertido en ley abre nuevos espacios de manifestaciones que a título de “originario y ancestral” rompe todos los esquemas conocidos; pluralismo que muchas veces no deja de ser perturbador para los que (siendo bolivianos) no pertenecen a la cultura dominante.
 
Después de la festividad de "Todos los Santos", miles de cráneos humanos son venerados en las instalaciones del Cementerio General, en la ya tradicional “Fiesta de las Ñatitas” (ochatitas) ritual macabro que mezcla esoterismo y creencias paganas de la cosmovisión andina y su respeto por la muerte. La fiesta es denominada así la forma achatada de los cráneos, para los cuales se armarán prestes y fiestas muy coloridas.

Desde primeras horas de la mañana, la capilla principal de la necrópolis paceña se colmará de creyentes trasladando sus "ñatitas" (calaveritas) cajas de madera u ostentosas urnas de cristal, bolsas plásticas y hasta aguayos especialmente preparados para la ocasión.

A pesar de las contradicciones que existen con los preceptos del cristianismo en general, la iglesia católica consiente abiertamente la bendición para que Dios les confiera los atributos mágicos que se asegura, tienen los muertos olvidados.

Orígenes

Los orígenes de esta tradición pagana son aún desconocidos, ya que no existen estudios precisos que den un referencia de dónde o cuándo se origino este ritual a la muerte, pero parece situarse en la cultura prehispánica de Tiahuanaco.

En la cosmovisión andina se realizan veneraciones a los muertos para evitar la llegada de lluvias muy fuertes y perjudiciales para las cosechas; esta práctica fue adquiriendo otros elementos de la religión católica, por influencia de las migraciones europeas y la colonización de América.

En la Fiesta de las Ñatitas, que tiene duración de 24 horas completas, los creyentes acercan a los restos hasta la capilla para que el cura les de su bendición, pero según los clérigos no es una misa en su honor, sino más bien una lectura de pasajes de la Biblia, que recuerdan las promesas de una vida después de la muerte, a los seres que se encomienden a la voluntad y el poder del Señor a través de su primogénito Jesús.

Tras esta ceremonia, no oficial, los cráneos son trasladados al interior de los predios del camposanto, cualquier nicho o tumba, donde se iniciará un festejo particular a través del cual se ofrece comida, bebida y cigarros a la calavera y sus invitados. En otros casos la fiesta y el homenaje es trasladada hasta los domicilios particulares de los creyentes o en el mejor de los casos hasta locales en los que se festeja con mucho alcohol y música durante horas.

La procedencia de los restos humanos es variable. Muchos de cráneos venerados provienen de fosas comunes, nichos abandonados, cementerios clandestinos de las laderas o de universidades de medicina. En otros casos, los menos, pertenecen a familiares de los creyentes que son los más afanados en celebrar a su pariente con súper poderes del más allá.

Por otra parte, es requisito indispensable que cada calaverita tenga un nombre que la identifique, hubiera sido o no su verdadera identidad. Los nombres varían de acuerdo a los propietarios quienes las nombras con diminutivos como: Luchito, Lulita o Panchito, mientras que otros más ritualistas les bautizan hasta con dos nombres y los apellidos de la familia custodia: Ángel Fermín Zapana Tarqui, etc. Dentro de la creencia popular también se maneja un mito relacionado con la protección que las ñatitas otorgan a los antisociales (ladrones) quienes encomiendan sus fechorías a los cráneos humanos a cambio de ofrendas extremas. Lo cierto es que la popularidad de este ritual ha crecido enormemente con el transcurso del tiempo y el crecimiento de la población, convirtiéndose en uno de los atractivos culturales de la Paz.

 

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